Se apagó.

Llevo treinta minutos mirando por la ventana esperando tu luz. Intentando que me des algo que escribir. Algo bueno.

Estoy de pie y comienzo a cansarme. Nunca me dijiste que esperara sentada. Y así hice.

Miré la cama sin girar demasiado el cuerpo. Fue lo suficiente para darme cuenta de tu ausencia. Allí. Aquí. En todas partes.

Sólo hay aire y personas. Ruido y zapatos. Tacones sin dueñas, deportes sin ti. Hay risas sin lágrimas. Y demasiadas lágrimas sueltas.

Ausencia se nota en esta habitación.

Ausencia fue mi mayor enemiga y ahora es la única que me soporta.

Ausencia es hoy, fue ayer.

Ausencia eres tú, también soy yo.

Ausencia es tu luz. Que nunca llega.

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