Una retirada a tiempo…

Estoy en un atasco, voy sola, no puedo poner música (robaron la radio hace un par de semanas) y empiezo a desesperarme. Intento tararear alguna canción pero, precisamente ahora, no sé ninguna. Puedo pensar en qué decirle a David esta tarde. Creo que voy a empezar con un “¿no me dijiste que te avisara cuando pudiera quedar? Pues te aviso“. Podría seguir con todo lo que llevo guardando estos últimos días pero quizás no seamos capaces de mantener una conversación.

Quiero explicarle que lo único que me molestó fue el no saber nada y darme de bruces con la realidad. Sin haberme saludado, le comió a besos mientras yo le miraba. Intentaba que mi cara no cambiase porque mi gran defecto es que expreso todo con sólo una mirada. Y empecé a pensar qué hubiera pasado si no hubiera ido, por casualidad, a aquel bar… no me habría dicho que compartía caricias con otra. Es cierto que no me levanté para saludarle, al revés, me quedé pegada en el asiento como una estatua de hielo, congelada. Pero nunca creí vivir una situación así y no tenía un plan de emergencia.

Le vi de lejos cogido de la mano con una mujer alta, morena y que no reconocía. Y aunque estaban llegando al bar donde me encontraba, aunque se estaban acercando a mí… fue este el momento donde empezamos a distanciarnos.

Soy de jugar si tengo la baraja completa y no haces trampas escondiendo ases debajo de la mesa o en la famosa manga. Pero esto no ha sido un juego limpio y, por eso, me retiro.

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