Para no irnos jamás.

Estoy sentada aquí, en el escalón de siempre. Donde esperaba tu llamada para salir corriendo hacia tus brazos. También era aquí donde me sentaba a pensar en nuestra historia; si hacía bien o todo lo contrario.

Y ahora, después de tantos años, sigo sentada en el mismo escalón.

Esta noche hace calor pero lo tapa el viento. Es un aire frío que rompe contra mi pelo y lo alborota a la vez que enreda. Pero me siento libre al cerrar los ojos, como un pájaro sobrevolando el cielo un día de tormenta. Pura adrenalina, puro miedo, pura inconsciencia, pura indecisión.

Hace más de un año que no nos vemos, mucho más hace de la última caricia. Hace mucho que no nos miramos a los ojos, pero en cambio, no hace tanto desde el último sueño.

Hoy me hablaron de ti y me hice la fuerte. ¿Quién eras? ¿Debo sonreír o fruncir el ceño?

No suelo llorar pero lo hago con el frío, me gustan las noches con sabor a hielo y soledad, me hacen sentir libre. Libre de mí misma, libre de egoísmo, libre de secretos, libre de mí misma. Puedo volar y llorar, llorar, llorar. Puedo reír entre recuerdos buenos mientas lloro por añorar aquellos momentos. Puedo estar de pie tiritando de frío imaginando un “no tengas frío, ven, dame un abrazo”. Puedo llorar cuando me miras sin mirar, cuando me hablas sin decir palabra, cuando caminas al contrario de mis pasos, cuando te paras frente a mí. Puedo llorar si me cuentan que lloras, puedo llorar si me dicen que no te acuerdas de mí, puedo…

A veces, cuando me despierto sobresaltada y justo me acuerdo de que el protagonista de mi sueño eras tú, me pregunto si, quizás, alguna mañana te pasa lo mismo. Dicen, por ahí, que sueñas con quien duerme pensado en ti. ¿Será cierto? Quizás me recuerdes más de lo que creen mis ojos.

Sé, porque debo creer en mí, que la piel no miente. Sé que las historias que se guardan bajo el candado de la Luna no se olvidan. Sé que por mil flores que recojas siempre te acordarás de mí. Soy aquella flor, la más pequeña del jardín, que parecía indefensa y sus pinchos eran bien afilados. Soy aquella flor que miraste y no has podido apartar la vista de ella. Sé que soy aquella flor que por más lejos que esté, por más seca, por más moribunda, por más fea, por más mojada, por más decaída, por más que muera… soy aquella flor que dura para siempre.

Eres como el Sol, dicen que eterno pero que algún día acabará. Eres la Luna que hay noches que no aparece. Eres como las nubes grises que comienzan a chispear, eres aquel rayo que parte en dos. Eres el terremoto que acelera mi mundo. Eres mi capa de ozono, eres mi cielo, mi mar, mi Tierra, pero también eres el volcán que me quema y abrasa, eres el trueno que me hace desvelar, eres el tsunami que pasa por mi vida y arrasa, eres esa persona que viene para no irse jamás.

Me pregunto cómo de cobarde tiene que ser el estar obligado a no hablar, obligado a dejar de querer… Me pregunto cómo de absurdo debe ser quien obliga, quien coacciona y maneja una vida. Me pregunto cómo de desolado se ve la tercera letra. Si A obliga a B de no ver a C, si B acepta no querer a C, si A no ve que es imposible que se separen B y C, si todos sabemos que el abecedario empieza por ABC.

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